UNIDAD 14: Un guerrero que no se enseñorea de sus emociones no puede ganar al enemigo una guerra
Un guerrero que no se enseñorea de sus emociones no puede ganar al enemigo una guerra
En la enseñanza 138 les enseñé que un santo para poder ganarle la batalla al enemigo, primeramente debe ganarle la batalla a su propia carne, es decir, debe enseñorearse de sus pasiones, deseos y emociones Pro 16:32, Pro 25:28. En esta enseñanza nos enfocaremos solamente en las emociones y especialmente en estas dos: la ira y el miedo. Estas dos emociones son grandes enemigos de todo guerrero, y por eso es necesario que entendamos la importancia de enseñorearnos de ellas, porque si perdemos la batalla ante estas dos emociones que surgen dentro de nosotros mismos, tendremos la batalla perdida contra Satanás, porque él mismo las usará contra nosotros para destruirnos.
Veamos ahora un concepto que encontré sobre las emociones:
“En neurociencias se dice que la emoción es la reacción química que se produce en nuestro cerebro a manera de respuesta a un nuevo estímulo externo y que trae como consecuencia que se genere una alteración en nuestro cuerpo.”
De este concepto observamos que la emoción es causada por un estímulo externo. Ese estímulo puede ser causado por una persona, por una noticia, o un suceso. Por ejemplo, si su hijo deja caer un plato en la cocina, usted se enojará al escuchar el sonido del plato romperse (emoción de la ira), porque ahora tiene un plato menos en su vajilla. ¿Está bien que todo estímulo que no nos agrade, lo convirtamos en un enojo? Pues, eso no está bien para un santo. Si vivimos con personas desordenadas o conflictivas, si estamos pasando por pruebas, no está bien que la pasemos buena parte del día enojado con las personas y por las situaciones que nos están ocurriendo. El verdadero santo debe aprender a reaccionar de manera distinta ante los estímulos, porque el enojo es una emoción que no le conviene.
De el concepto leído observamos también, que la emoción genera una alteración en el cuerpo, por ejemplo, la ira y el miedo hacen que el cuerpo de la persona segregue hormonas (como la adrenalina) que lo prepararán para momentos de gran actividad: como una huida, o de gran violencia. Una persona que tiene en su cuerpo una carga de adrenalina y que por su mente están pasando malos pensamiento, puede hacer mucho daño, incluso a sus seres más queridos.
*El guerrero santo debe ser tardo para airarse*
Aún cuando Adonay diseñó nuestra mente y cuerpo para que bajo ciertas condiciones entrara en ira, eso no quiere decir que Él aprueba que nosotros seamos iracundos, o que nos estemos enojando por cualquier cosa. La escritura enseña que Adonay es tardo para la ira Éxo 34:6, y eso es así, porque Él es santo. Pero Adonay también exige a sus santos que sean tardos para airarse Stg 1:19-20. ¿Por qué? Porque la ira lleva al guerrero a un momento de gran debilidad que lo puede hacer errar. Es difícil para el airado, no cometer pecado Efe 4:26, en otras palabras, una persona iracunda, pecará mucho Pro 15:18, Pro 29:22, Pro 22:24-25, pero aquel que es tardo para airarse, es decir, aquel que ha aprendido a enseñorearse de sus emociones, pecará menos, porque permanecerá más tiempo sobrio 1Pe 5:8.
Adonay nos reveló que, aquel que está airado es como el borracho, que ha perdido el discernimiento. Normalmente el borracho dice y hace cosas de las cuales después se arrepiente. Así también ocurre con el iracundo. Si usted juzga a su vecino porque es un borracho, pero usted es un iracundo, necesita entender que entre su vecino borracho y usted no hay mucha diferencia. Su alcohol es la adrenalina que corre por su cuerpo cada vez que se enoja. Cada vez que está airado, usted va a actuar como un borracho: va a gritar, va a decir palabras que no diría en momentos de sobriedad, va a maldecir, va a herir, va a lanzar cosas, va a golpear, o incluso, una persona airada puede llegar a matar Pro 16:14.
Adonay nos enseña que para un guerrero no es tan importante su fuerza, como el tener el dominio y control de sus emociones como la ira Pro 16:32, y a través de la toráh nos da muchos ejemplos del daño que produce la ira para un siervo santo. Moisés/Moshé era un siervo muy manso Núm 12:3, pero los momentos de ira, a los que a veces le llevaba el pueblo de dura cerviz que él dirigía, lo hicieron cometer varios errores, porque la ira lleva a errar. Moshé en un momento de ira destruyó las tablas de la toráh escritas por el mismo dedo de Adonay Éxo 32:19. Moshé no pudo cruzar el Jordán, por causa de su ira, pues Adonay le instruyó que le hablara a la roca para que saliera agua para el pueblo Núm 20:7-8, y su ira lo llevó a golpear dos veces la roca y a proferir palabras que no santificaron a Adonay delante del pueblo Núm 20:9-12. La ira no nos lleva a santificar a Adonay sino a profanarlo, porque ella nos lleva a actuar como un borracho Lev 10:8-11.
Moshé era experto para apaciguar la ira de Adonay, porque en diversas ocasiones, intercedió y argumentó para que Adonay no destruyera al pueblo rebelde de Israel en sus momentos de enojo Núm 14:11-20, pero Moshé no fue capaz de apaciguar su propio enojo, y eso fue lo que lo llevó a cometer grandes errores, y que fueron escritos para que usted y yo entendamos el peligro que representa la ira para un santo, y la importancia de enseñorearse de ella.
*La ira es un gigante que necesitamos derribar*
Adonay nos reveló que el iracundo actúa de esa manera (violenta) porque está siendo dominado por un gigante como Goliat, por lo que todo iracundo necesita levantarse en guerra contra ese gigante. Para que usted pueda entender mejor como opera ese gigante, no hay mejor ilustración que la película de Hulk el hombre increíble. Aquel hombre que cada vez que se enoja, se convierte en un gran gigante que produce mucho daño. El guerrero que es vencido por el enojo, no tiene sentido que pelee contra el enemigo, porque ya perdió la guerra contra este gigante, y ¿cómo podrá ganarle una batalla a Satanás?.
¿Se acuerdan de las enseñanzas de los animales? Cada vez que un santo entra en ira, actúa como un toro, que con sus cuernos puede hacer mucho daño. Adonay no quiere toros en su rebaño, así como tampoco cabras, Adonay quiere corderos, ovejas y carneros, pues ese es el diseño del reino Mat 25:33-34.
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